EL GRAN ENIGMA DEL ORIGEN DEL UNIVERSO

25 Jan 2016
37812 times

 En el origen no había un ser ni un no-ser. ¿Que era lo que había entonces?  ¿Qué había dentro y dónde?  ¿Estaba allí la insondable profundidad del agua?

En el origen no había muerte ni inmortalidad, ni signo del día ni de la noche, ni cielos ni mares.  No había formas, ni sensaciones, ni conceptualizaciones, ni formaciones mentales, ni conciencias; ni sufrimiento, ni causa ni efecto, ni cesación, ni camino, ni sabiduría primordial, ni obtención ni no obtención.  No había vista, ni oído, ni olfato, ni gusto, ni tacto, ni mente, ni forma, ni sonido, ni olor, ni sabor, ni tacto, ni fenómenos.  Tampoco estaba el componente de la vista, ni el componente de la mente, ni el componente de la conciencia de la mente.  Ni ignorancia ni fin de la ignorancia, ni vejez y muerte, ni fin de la vejez y la muerte.  Ninguna imagen, ni luz, ni alma.  No ente. No nada.

“De la nada nada sale” decía Lucrecio.

¿De dónde salía –entonces–  tanta luz, densísima, compacta, comprimida en un punto imperceptible sobre el fondo negro del espacio?  Tanta luz sin ningún ojo que la mirara, casi a punto el escenario para empezar todo el resto: la explosión, la expansión, el enfriamiento, la condensación, la consolidación creciente de islotes materiales suspendidos en el tiempo, hasta llegar hoy a estas ondas frías cargadas de señales de radio, como las olas del océano que arrastran los restos de un viejo naufragio.  ¡Oh, Vacío escondido que revela un orden tan lógico, tan bello, una estructura sutil y estable dentro de la gran multitud de partículas del Universo!”.

Lao Tse canta de este modo a la perfección: Antes del cielo y la tierra había algo completo y nebuloso.  Silencioso, invisible, inmutable, estando a solas como Uno, incesante, siempre rotante.  Así, se lo describe Forma de lo sin-forma, Imagen de los sin-imagen.  Se le encuentra, pero nadie ve su rostro; se le sigue, pero nadie ve su espalda.  No sé su nombre y le apellido Tao –decía el “viejo maestro”–.  ¡Entrégate al supremo Vacío, contempla asiduo en la quietud, pues el silencio es el retorno al origen!  Lo que miras pero no puedes ver, es dicho lo Invisible.  Lo que puedes escuchar pero no oír, es dicho lo Inaudible.  Lo que ases pero no puedes retener, es dicho lo Insondable.  Ninguna luz encima puede hacerlo más claro, ninguna oscuridad, debajo, más oscuro.  El ser es su función; y el no-ser, su naturaleza propia.  El Vacío es el Principio primero, la realidad de la cual surge el Universo.  Sin cesar continúa, más definirlo es imposible.

Lo que algunos llaman Vacío es el mundo espiritual, el pneuma.  Eterno indivisible.  Inconcebible en lo conmensurable.  Neutro, poderoso y creativo, del que procede todo lo que un Dios es.  Porque lo es todo, presente, pasado y futuro, y lo que está más allá del Triple tiempo de lo creado, conservado y destruido.

Esta existencia universal, pese a la multitud de objetos y la diversidad de sus fuerzas, es una en sustancia y origen.  Este poder es llamado Brahman por nosotros: verdad única, abarcante y universal, a cuya luz la totalidad de la existencia quedaría revelada y explicada, tanto en su naturaleza como en su fin.

La realización del Vacío constituye el supremo objeto de la meditación.  En los versos místicos de H.P. Shastri se lee: “Cuando al fin comprendí la Unidad del Vacío, entonces conocí lo que había sido desconocido, que siempre su energía había estado en unión conmigo mismo”.  

Así lo intenta expresar el soneto de Sri Aurobindo: “Tu luz dorada ha descendido a mi mente y los sombríos espacios de mi alma, alcanzados por el Sol, son ahora una brillante respuesta al plano oculto de la Sabiduría, una serena iluminación y una llama... y mi habla es ahora una melodía divina, cuya única nota es un himno de gloria a Ti.  Tu luz dorada ha descendido a mi corazón, invadiendo mi vida con Tu eternidad”.

El eterno enigma del origen del Universo radica en la perfección, verdadera, inefable, innominable, increada, inengendrada, infinita e inmutable. 

La última respuesta a toda pregunta es el silencio del Buda.

More in this category: MIS LIBROS »